dimarts, 10 de març del 2009

Capítulo 2: La Pareja



LA PAREJA: ASCENSIÓN A LA EDAD ADULTA

Nota (mental) (escrita) para todos los emparejados: esto es una hiperbolización de la realidad… o sea que no dejéis de invitarme a cenar…de hecho a veces soy yo quien saca el tema. Veredicto, culpable.

Seis horas después de una noche loca con dos parejas encantadoras, mi infatigable compañera de hazañas y yo estábamos un mediodía de domingo más, sentadas en el nuevo restaurante argentino de la esquina al que acudimos por… la buena presencia del camarero, esperando la comida “casera”, aunque sea de una casa exótica, que no sabemos preparar.

En un arranque de lucidez proporcionado por la emocionante visión de un domingo sin esfuerzos tumbadas en el sofá de casa, empezamos a debatir ¿por qué las parejas requieren un cupo mínimo de solteros en sus círculos de amistades habituales? Y ¿por qué sus devaneos sexuales o estado amoroso son irremediablemente uno de los temas de conversación más abordado durante las reuniones?

La respuesta fue desconcertante: para entretener las veladas.

Así que solteros (mucho mejor aún si promiscuos o aventureros en el terreno), preparaos para ser como la flamante nueva programación de televisión por cable gratuita –un par de copas de vino o un birreo es un excelente precio teniendo en cuenta las tarifas del mercado-.

No es nada nuevo que tus parejas favoritas de amigos te sometan cariñosamente a un tercer grado sobre los detalles de tu vida sexual, mientras asienten y se sonríen y te miran con ojos compadecientes, orgullosos de su niña divertida. No pueden faltar comentarios del tipo: “Estás loca Coco, esto sólo puede pasarte a ti”… comentarios que debo confesar, hacen ver lo emocionante y excitante de lo que parecían situaciones bochornosas y alcoholizadas la noche anterior.

Sin embargo, a todo esto me pregunto, ¿por qué el intercambio no es recíproco cuando ambas dos partes de los abajo firmantes están presentes? (gracias amigos y amigas casados por confiar en mi en los vis a vises). ¿Estar emparejado significa socialmente tener que ascender a un estado superior en el que las aventuras, la sexualidad desenfrenada y las locuras desaparecen?
¿Este supuesto ascensor debe suponer firmar una cláusula de privacidad con el contratante que impide comentar nada a otro alguien que no sea el abajo firmante?

Quizá sea una simple cuestión de organización. Todo nuestro entorno está organizado para duetos binarios (valga la redundancia)…
Desde los 2x1 hasta la paella…

¿Es este “el orden natural” del que los retrógrados hacen gala, realmente un orden natural o una imposición social que sólo nos dota de identidad completa si estamos emparejados?
¿Es el dueto la meta final de todo ser humano?¿Significa eso que según ellos, todos los solteros estamos en una fase de adolescencia eterna hasta que no decidimos bajarnos de la noria?
¿vivir en el parque de atracciones no es una opción válida para ser considerado completo?

¿Y qué relación tiene este estado de pubertad permanente que entraña la soltería con la licencia que parecen tomarse los “casados” de escrutar y (admitamoslo) de juzgar la vida íntima de algunos de ellos como distracción para acompañar al café de media tarde?

¿Acaso los casados actúan o deben actuar como educadores de los que no han madurado como ellos?¿Hasta donde les avala la experiencia?
¿Nos ven a menudo como niños aún por formar y con mucho que aprender con los que pueden divertirse escuchando sus hazañas en el parvulario nocturno que son las noches de copeo?

“En realidad mi vida sexual es como un gran club de la comedia” me dice entre risas Dana, amiga que (destinada a fracasar en el intento) se declara retirada del recreo nocturno.

Así pues, los miembros casados con esta práctica como costumbre, pretenden ser observadores, simples supervisores o ¿Es además, una manera de vivir algo a lo que se ven privados por su misma condición de casados? Como una especie de espectáculo de realidad virtual.

Son meras reflexiones, pues al fin y al cabo ¿quién no se interesa por la vida sexual de los demás?¿Quién es el que no querría saber más de los embrollos sentimentales de sus amigos?

Ellos que parecen tener el control de la situación, la seguridad de los grandes entrevistadores, deben seguir preguntando, y así convertir algunas de nuestras experiencias bochornosas en material cómico… hay que sacarle partido artístico de algún modo.

Yo aguardaré a mi madurez para pasar de entrevistada a entrevistadora. Así que solteros del futuro, guardaos de mi…porqué ya se sabe: “el cura siempre ha sido antes monaguillo”.

...Para todos aquellos duetos que me rodean, a los que adoro. Mi familia psicológica, que incluso puede llegar a reírse con estas líneas…

dimarts, 24 de febrer del 2009


CENICIENTA: SUS ZAPATOS Y SU PRÍNCIPE ZURDO

Rebajas. Táctica de batalla: "Peinando la zona"... Recorridas todas las franquicias de Orange, Farrutx, Diesel, Mustang y otras muchas tiendas de zapatos. Objetivo cumplido.

Modelos examinados, comparados, contrastados, evaluados y finalmente elegidos. Conseguido. Dos nuevos pares de zapatos para mi colección (los sumaré a mi lista recordatoria de modelos). A esto le añado un "¡Qué zapatos más originales llevas siempre!" con el que algunos de mis amigos me apremian, y caigo en la cuenta: ¡He descubierto uno de mis grandes fetiches...!

¿El otro? Los zurdos. Puestos ya a hacer confesiones, debo admitir que siento una inevitable atracción hacia los zurdos. Obviando el hecho que su parte derecha controle su motricidad, anulando mi capacidad de análisis y capacidad crítica, en cuanto los veo escribir no puedo resistir hacerme la pregunta recurrente de siempre: ¿como lo hacen para escribir con esa mano, yo no puedo ni acertar a mi propia nariz?

En pleno proceso de autoconocimiento y recuento de mis propios fetiches producido en un día de rebajas en pleno Portan de l'Àngel me pregunto: ¿En el pleno de las relaciones interpersonales, quizá los fetiches son como pequeñas pistas que nos definen las cualidades concretas en las que debe basarse nuestra búsqueda?


¿Quizá estas pequeñas fijaciones no dejen de ser un modo de acotar el campo de investigación y nos facilitan la ardua tarea de encontrar a nuestros semejantes entre la multitud en un mundo caracterizado por las múltiples opciones?

Perdidos en la abundancia, parece que nuestras pequeñas obsesiones se convierten en una especie de distintivos -parecidos a las etiquetas de control de calidad que nos ayudan a distinguir a nuestro príncipe azul de entre los mil sapos.

A través de nuestras obsesiones fijamos un objetivo, un modelo de príncipe azul que reúne todos esos detalles. Todos esos detalles que de poseerlos todos una misma persona, la haría perfecta.

Como niños pequeños, nuestra búsqueda del amor se convierte en una falsificación de la enorme y apasionante gincana de fin de curso, pero con ración extra de hormonas.

Se trata de un juego de pruebas, de pistas que nos llevan al destino, a conseguir el premio. La persona que más fetiches u objetos mágicos dignos de nuestra veneración consiga reunir, más se acercará a ser el príncipe azul, con quién bailemos el "It had to be you" que cierra la noche de discoteca.

Una vez aceptado esto, ¿qué o quién decide cuáles son nuestros fetiches? ¿Quién elige qué características serán las que definirán a su príncipe azul? Como en el caso de los fetiches corrientes, ¿se trata de una asociación de recuerdos agradables a un objeto o característica durante nuestra infancia o es una simple elección nuestra para reafirmar nuestra identidad?

¿Acaso cuando somos pequeños escribimos una carta con todas las cualidades de nuestro amante perfecto, la rompemos y nos pasamos toda nuestra vida buscando los pedacitos de carta con las cualidades elegidas entre la gente con la que nos relacionamos?

O por el contrario ¿son los fetiches una auto imposición, una decisión que tomamos y que por coherencia debemos mantener?

La manos, los cuellos altos de los jerséis, las deportivas fashion, las voces sensuales, las gafas, los culos, las orejas, los perfumes se convierten entonces en la sagrada nota post-it rosa fluorescente (¿no es el color del amor?) que no sólo nos recuerdan que esa otra persona tiene esa cualidad sino que también nos sirven para definirnos a nosotros mismos: "Hola, soy Eli y tengo debilidad por las voces bonitas, las pecas, los músicos y sobretodo por los zurdos".

El problema de estos fetiches aparentemente inofensivos, es que pasen de ser una pista orientativa o un valor añadido a ser una característica imprescindible de alguien para considerarlo como pareja.

Los fetiches entonces, se convierten en una versión casera e intuitiva del Detector de Mentiras de los ochenta...

Porqué: ¿quien va a negarme que haya hecho una formulación de este tipo?: "si un tío no lleva bambas guais yo paso"...o "yo con las cadenillas con cruz no puedo".

¿Y si no son más que prejuicios y no son pistas de ninguna concepción de la perfección? ¿Quizá estemos descartando demasiado ligeramente a alguien por no llevar bambas modernas, o llevar cadenilla o tener unas manos feas?

Vayamos con cuidado con nuestros miedos infantiles porqué ya se sabe que... No debemos obviar que está esa excepción que teóricamente confirma nuestra regla.

La excepción diestra, musicalmente analfabeta, sin pecas y con voz gritona que aunque no lleva zapatos de príncipe azul, desde aquí, se le parece bastante.

Elisenda Carod